En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.
Pero Herodes decía: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?” Y tenía curiosidad de ver a Jesús.
Palabra de los Papas
Jesús se le conoce sólo en el camino cotidiano de la vida. (…) Y se le puede conocer «también en el catecismo. ¡Es verdad! El catecismo nos enseña muchas cosas sobre Jesús y debemos estudiarlo, debemos aprenderlo. Así aprendemos que el Hijo de Dios vino para salvarnos y comprendemos por la belleza de la historia de la salvación el amor del Padre». En cualquier caso, incluso el conocimiento de Jesús a través del catecismo «no es suficiente»: conocerle con la mente ya es un paso adelante, pero «a Jesús es necesario conocerle en el diálogo con Él. Hablando con Él, en la oración, de rodillas. Si tú no rezas, si tu no hablas con Jesús, no le conoces». Hay finalmente un tercer camino para conocer a Jesús: «Es el seguimiento, andar con Él, caminar con Él, (…) No se puede conocer a Jesús sin tener una relación cercana con Él, sin arriesgar la vida por Él. Cuando muchos —incluidos nosotros— nos preguntamos: «¿Pero ¿quién es este?», la Palabra de Dios nos responde: «¿Quieren saber quién es este hombre? Lean lo que la Iglesia les dice sobre Él, háblenle en oración y caminen junto a Él por su sendero. Así, conocerán quién es este hombre». ¡Este es el camino! (Francisco – Homilía en Santa Marta, 26 de septiembre de 2013)
