Parroquia Santuario

Nuestra Señora del Rosario

Evangelio del día

Evangelio de hoy Sábado 23 de Agosto de 2025
Sábado de la XX Semana del Tiempo Ordinario
Lectura del santo evangelio según San Mateo 23, 1-12
Evangelio del día
“ El primero entre vosotros será vuestro servidor ”

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Palabras de los Papas

“¿Quieres ser grande?”, preguntó San Agustín; y él respondió: “Comienza por lo más pequeño. ¿Quieres construir una estructura de gran altura? Piensa primero en el fundamento de la humildad” (S. Augustini Sermo 69, 1,2). Si realmente queremos construir el edificio de nuestra santificación, debemos basarlo en la humildad. Jesús es nuestro modelo. Él, como dice San Pablo, “siendo en forma de Dios… se despojó de sí mismo, tomando la forma de siervo… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2, 6-8). ¿Cómo no sentir, cómo no ser pequeños y humildes ante el misterio de la encarnación y la redención, ante el Hijo de Dios que gime en Belén, que se envuelve en silencio en Nazaret, que vive la vida de pobreza, que muere en una cruz desnuda? Jesús es el primero, el verdaderamente humilde, el único que verdaderamente glorificó a Dios —de hecho, Dios es «glorificado por los humildes», nos dice el Eclesiástico (Ecl. 3,20)— porque se humilló a lo largo de su existencia, manifestando victoriosamente su poder como Señor, y fue lo que él mismo definió como: «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). (San Juan Pablo II – Misa en Anagni, 31 de agosto de 1986)