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Caminamos con el Señor: Nuestra vivencia de la Procesión en Silencio 2026

Hermanos y hermanas, con el corazón todavía conmovido por la gracia de los días santos, compartimos una breve reseña de lo que fue nuestra Procesión en Silencio del pasado Viernes Santo. Como comunidad parroquial, nos unimos en un solo espíritu para acompañar a Jesús en el misterio de su entrega, transformando el entorno de nuestro Santuario en un verdadero oasis de oración contemplativa.

Un encuentro en el silencio sagrado

Eran las 15:00 horas cuando, tras la Liturgia de la Pasión, salimos a las calles que rodean nuestro templo. No lo hicimos como simples espectadores, sino como una familia que camina unida. En este 2026, sentimos que el silencio no fue ausencia de sonido, sino una presencia vibrante: la de un pueblo que sabe callar para escuchar la voz de Dios.

Durante el recorrido de media hora, nos sumergimos en una atmósfera de profunda introspección. Fue emocionante ver a nuestros jóvenes del MEJ, a los niños y a los adultos mayores caminar con la misma devoción, recordándonos que el sufrimiento de Cristo en el Huerto de los Olivos y su camino al Calvario siguen resonando en nuestras propias vidas y desafíos.

La oración de un pueblo que confía

A cada paso, nuestras oraciones susurradas se elevaron como incienso. Rezamos el Padre Nuestro y el Ave María con una cadencia que nos invitó a la conversión. Siguiendo las enseñanzas de nuestro Cura Rector, Monseñor Enrique Meyer, meditamos sobre la importancia de no abandonar al Señor en los momentos de prueba y de llevar ese espíritu de perdón a nuestros hogares en Luque.

Testimonio de unidad y servicio

Queremos agradecer de manera especial a los servidores y voluntarios de nuestra parroquia que, con gran entrega, velaron por el orden y la seguridad de todos los participantes. Gracias a su labor, pudimos mantener el clima de recogimiento necesario para que la procesión fuera un verdadero encuentro espiritual.

Nos quedamos con la imagen de una comunidad que sabe detenerse ante la Cruz. Esta procesión no fue solo un acto de piedad, sino una renovación de nuestro compromiso de ser «un solo cuerpo» en Cristo. Que el silencio vivido en nuestras calles siga dando frutos de paz y reconciliación en cada uno de nuestros barrios.

¡Gracias por haber sido parte de este camino de fe!

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