En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:
“Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos’’.
Palabra de los Papas
Jesús, al enviar a los discípulos a la misión (…) Establece una relación entre lo que escuchamos “al oído”, es decir, en lo secreto del corazón, y lo que estamos llamados a proclamar a todos, recordándonos que el anuncio del Evangelio es ante todo compartir un encuentro personal con Él, único para cada quien. La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la autenticidad de nuestra respuesta. Santo Tomás de Aquino hablaba de la predicación como la transmisión a otros de lo que hemos contemplado: “contemplata aliis tradere” (cf. Summa Theologiae, III, q. 40, a. 1, ad 2). (…) Tanto hoy como ayer, es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia. Por eso es necesario que profundicemos en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en una relación intensa con Él (cf. Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8). Esto nos da la fuerza para no rendirnos y seguir transmitiendo a todos, en cualquier circunstancia, su mensaje de esperanza, de amor y de paz. ¡Al mundo le hace mucha falta! (León XIV – Ángelus, 21 de junio de 2026)
