Parroquia Santuario

Nuestra Señora del Rosario

Evangelio del día

Evangelio de hoy Martes 22 de Septiembre de 2026
Martes de la XXV Semana del Tiempo Ordinario
Lectura del santo evangelio según Lucas 8, 19-21
Evangelio del día
“ Mi madre y mis hermanos son estos ”

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: “Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte”. Pero él respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

Palabra de los Papas

«Jesús seguía hablando a la gente» y amándola, hasta tal punto que define a «esa multitud inmensa “mi madre y mis hermanos”». Los familiares de Jesús son, pues, «los que escuchan la palabra de Dios» y «la ponen en práctica». Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más. Así de simple. (…) Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”».

Esto significa «escuchar la palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón, abrir el corazón a la palabra de Dios». Al contrario, «los enemigos de Jesús escuchaban la palabra de Jesús, pero estaban cerca de Él para encontrar un error, para hacerlo tropezar» y hacerle perder «autoridad. Pero no se preguntaban nunca: “¿Qué me dice Dios a mí con esta palabra?”». «Dios no sólo habla a todos, sino también a cada uno de nosotros. El Evangelio se escribió para cada uno de nosotros. (…) El Señor «siembra siempre su palabra», y a cambio «pide solamente un corazón abierto para escucharla y buena voluntad para ponerla en práctica. Por eso, entonces, que la oración de hoy sea la del salmo: “Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos”, es decir, por la senda de tu palabra, para que aprenda con tu guía a ponerla en práctica». (Francisco – Homilía Santa Marta, 23 de septiembre de 2014)